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Emociones Positivas en Adolescentes

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Por Gabriel Genise                                                                                                          

Psicoterapeuta especialista en niños y adolescentes de la Fundación Aiglé

 

La emoción es un constructo muy complejo, cuya definición dista de contar con un consenso bien marcado. Podríamos decir que las emociones son estados pasajeros en las personas, esto quiere decir que las emociones tienen un curso. Recuerde un momento en el que haya estado feliz por algo. Seguramente podrá ver que la felicidad que sentía se disipó. El mecanismo es idéntico al de una ola. Las emociones tienen su sede biológica en un conjunto de estructuras del sistema nervioso denominado sistema límbico, este sistema incluye áreas como el hipocampo, la circunvalación del cuerpo calloso, el tálamo anterior y la amígdala (Vecina Jiménez, 2006)

Las emociones negativas tienen un gran poder adaptativo, nos advierten de las amenazas y los desafíos que tendremos que afrontar. Por ejemplo: el miedo nos alerta que un peligro inminente está por suceder. Es entonces interesante poder comprender que las emociones negativas no necesariamente se encuentran presentes para ocasionarnos malestar, sino que también cumplen un papel significativo al momento de conservar la especie.

Las emociones positivas, por otro lado, son la tendencia a una respuesta organizada, con un importante calor adaptativo. Investigaciones muy importantes sobre emociones positivas, han demostrado que experimentarlas favorece:

  • El pensamiento creativo
  • La tolerancia
  • Mejora el sistema inmunológico
  • Aumenta la tolerancia al dolor

Así también experimentar emociones positivas tiene efectos beneficiosos sobre el aprendizaje al mejorar procesos relacionados con la atención, la memoria o la resolución de problemas (Erk, y otros, 2003). Contribuyen a hacer más resistentes a las personas frente a la adversidad y ayudan a construir resiliencia psicológica – este concepto hace referencia a la capacidad del ser humano a anteponerse a las adversidades y superar situaciones traumáticas como la pérdida de un ser querido, un accidente, etc. –

La gratitud es un ejemplo de emociones positivas centrada en el pasado. Surge de reconocer la bondad del ser humano, de aceptar y valorar un beneficio percibido que ha sido obtenido gracias a la generosidad y cierto coste personal del benefactor (Vega y Oros, 2013). Esta emoción positiva junto con la simpatía y las emociones positivas empáticas, podrían funcionar como un disparador del comportamiento social saludable.

La adolescencia es un período de constantes cambios. Cambios fisiológicos con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, cambios sociales con la aparición de nuevos grupos de referencias, cambios emocionales, en donde la labilidad emocional se encuentra resaltada y cambios intelectuales con el desarrollo del pensamiento abstracto. Es por este motivo que a la adolescencia se la entiende como un proceso de transición de la infancia a la vida adulta. La primera etapa de este proceso se caracteriza por el apartamiento del seno familiar, dificultades en los vínculos con los padres, e incluso en algunos casos episodios de depresión. En este momento evolutivo los adolescentes suelen experimentar cambios negativos, o sea, una visión pesimista del mundo y de sí mismo (Froh, Selfick y Emmons, 2007).

Por lo anteriormente expuesto, la práctica de emociones positivas y la exposición del adolescente a un ambiente positivo podría resultar beneficioso en el sentido que disminuyen los efectos que el afecto negativo tienen en la población adolescente e incluso entenderse como un agente protector del posible desarrollo de trastornos mentales (Masten, 2001; Seligman, 1995).

A continuación les presentamos una serie de actividades que justamente tienen por objetivo cultivar emociones positivas:

Claves para potenciar las emociones positivas

 1. Asegúrese de experimentar emociones positivas: emociones como la gratitud, el perdón, el humor positivo son algunos ejemplos de emociones positivas. Las investigaciones muestran que las personas se desempeñan mejor en sus tareas cuando experimentan más emociones positivas que negativas. Un ejemplo interesante para experimentar de cómo potenciar las emociones positivas podría ser llevar a cabo un diario de la gratitud. Esto consiste en tomar nota todos los días de la menos 3 aspectos por los cuales uno puede estar agradecido. Aquí es importante destacar que no necesariamente estas situaciones o hechos tienen que ser grandiosos, sino que uno puede aprender a ser agradecido por pequeñeces que en general están al alcance de la mano todos los días. Es interesante comprobar que el adolescente puede resistirse a hacerlo por considerarla una tarea sin sentido o aburrida, pero que a los pocos días de realizarla, comienza a sentirla como un buen ejercicio –que a veces informan que lo hacen a escondidas- que le cambia la mirada de la situación en la que se encuentra. El ejercicio es tan simple como escribir en un cuaderno, por ejemplo: En el día de hoy me encuentro agradecido por:

– Haber sido elegido para jugar en el equipo de fútbol que quería.

– Haber tenido a dos grandes amigos escuchando mi tristeza por haber roto una relación.

– Haber podido concentrarme para estudiar.

Como se ve lo importante no es estar pendiente de cosas grandilocuentes, sino aprender a apreciar las pequeñeces.

  1. Experimentar el disfrute con significado: De acuerdo a algunos autores importantes en el mundo de la psicología positiva, existen los placeres y las gratificaciones. Los placeres son una especie de disfrute que se encuentra relacionado con los sentidos (Por ejemplo, comer un rico helado o disfrutar de un masaje). De acuerdo a estos autores el placer es algo breve en el tiempo y las personas solemos acostumbrarnos rápidamente a ellos por lo que necesitamos de una dosis mayor para generar el mismo efecto que al comienzo (cuando comemos helado seguramente la primera cucharada no va a tener el mismo disfrute que la última). De acuerdo a Seligman (1999) existen cinco técnicas que favorecen el disfrute:
  • Compartir con otras personas: Busca a otras personas con las que compartir la experiencia y a las que contarles el valor que otorga ese momento placentero.
  • Guardarlo en la memoria: Toma fotografías mentales o incluso llévate un recuerdo físico del evento para recordarlo
  • Autoelogio: Decite cuán impresionado están los demás y recorda cuanto tiempo esperaste para que esto ocurriera
  • Agudizar la percepción: Es el hecho de agudizar la percepción y omitir otros estímulos.
  • Ensimismamiento: Permanece completamente absorto e intentá no pensar, sino sólo sentir

De acuerdo a Seligman todas estas técnicas respaldan los cuatro modos de disfrute: solazarse, agradecer, maravillarse y deleitarse.

  1. Desarrolla la práctica de la conciencia plena: Mindfulness o conciencia plena, como se lo conoce en idioma español, es una práctica meditativa con orígenes en el budismo pero que con el paso de los años ha tomado una relevancia muy significativa en occidente y en especial en la psicoterapia. La práctica de la conciencia plena ha sido fuertemente estudiada y ha obtenido resultados muy positivos. Los principales beneficios se vieron expresados en la reducción de estrés, en que ayuda a las personas a detectar sus pensamientos, observarlos y contemplarlos, que generan mayor reconocimiento de los estados emocionales y de las situaciones o pensamientos que disparan dichos estados emocionales y que favorecen a la mayor aceptación de sí mismo, entre otros. Por esto, la práctica de Mindfulness es otra de las claves que fomentará en los adolescentes la conexión y potenciación de las emociones positivas:

      Tomate unos minutos para estar tranquilo, que nadie te moleste. Si el día está lindo, sentate en el jardín o en una plaza mirando al cielo. Concentrate en la respiración unos instantes. Luego abrí los ojos y comenzá a observar las nubes tal como son. Observá su forma, su tamaño, los colores. Simplemente observalas tal cual son. Si durante este ejercicio se interponen pensamientos que no tienen que ver con esta práctica, simplemente percatate de esto y dejalos pasar. Recordá que Mindfulness no tiene que ver con no pensar  sino con concentrarte en el tiempo presente, en el aquí y ahora. Podes hacerlo solo unos minutos, una o dos veces por días. Solo asegurate de ganar un poquito más de conciencia de tu momento presente cada vez que lo hagas. Verás que empezaras a sentir cierto dominio para relajarte en los momentos que lo necesitas.

  1. Experimentar estados de Flow: El flow o estado de fluidez es un estado en donde estamos tan inmersos en una actividad que somos capaces de alargar o acelerar el tiempo. Es un momento en donde la persona se encuentra tan compenetrada con la actividad que básicamente se olvida del paso del tiempo y experimenta una enorme satisfacción. Casi cualquier actividad puede producir estado de fluidez, lo importante es poder detectarlo y dedicar tiempo a eso. En mi caso personal cuando me siento a tocar el piano literalmente me olvido que existe el tiempo o que existen los problemas. Mi conciencia se centra exclusivamente en las notas musicales, la armonía, la tonalidad de la pieza. Esta actividad claramente produce un gran estado de satisfacción en mí.

Si bien estas actividades tranquilamente pueden ser practicadas de forma individual está comprobado que es sumamente productivo realizarlas en conjunto, padres e hijos. En el caso de los adolescentes es importante sin embargo, respetar la decisión de hacer las prácticas en un espacio individual, si es eso lo que el joven elige.

En el caso de poder compartirlas, desde la práctica meditativa de Mindfulness como la búsqueda de actividades en donde puedan ambos (padres e hijos) experimentar estados de flow, no solamente favorecerán el cultivo de emociones positivas, sino también favorecerá una relación padres – hijo de calidad y muy probablemente con un mayor nivel de intimidad. Llevar un diario de gratitud tanto padres como hijos y compartirlo en algún momento del día, dedicar algún momento para compartir qué valoro de mí y qué valoro del otro son tan solo algunos de los ejemplos que se pueden llevar a cabo en pos de favorecer las emociones positivas en conjunto.

 

 

Bibliografía

-Froh, J., Sefick, W. y Emmons, R. (2008). Counting blessings in early adolescents: an experimental study of gratitude and subjective well being. Journal of school psychology, 213 – 233.

-Masten, A. (2001). Ordinary Magic: Resilience processes in development. American Psychologist, 227 – 238.

Seligman, M. (1995). The optimistic child. New York: HarperCollins Publishers.

-Vega, N. y Oros, B. (2013). El rol de las emociones positivas empáticas en el comportamiento social de adolescentes argentinos. Psicodebate, 9 -24.

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