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Cuando la balanza y el espejo se convierten en enemigos

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Por Diana Kirszman, Doménica Klinar Alfaro, Josefina Esnal

Tanto históricamente como en la actualidad, al cuerpo ideal femenino (y cada vez más también al masculino) se lo asocia con el éxito en lo laboral y en los vínculos afectivos. Esto suele generar inseguridades con la propia imagen e inclusive con la propia identidad, teniendo como consecuencia una preocupación sobre la alimentación o un completo descuido de la misma, acompañado de culpa y malestar. Sin embargo, no todas las personas que se ocupan y preocupan por su imagen, desarrollan trastornos alimentarios.
Hablamos de trastorno cuando la vida del paciente se ve limitada en algún sentido.

Los trastornos alimentarios se caracterizan por la sobrevaloración de la figura y el peso, y para quienes la balanza determina el autoconcepto de la persona. Se puede presentar como evitación/restricción de la ingesta o como sobre ingesta.

María es una muchacha de 20 años, se encuentra estudiando la carrera de arquitectura en la UBA. Su vida social se encuentra enmarcada por amigos de la escuela y los nuevos amigos de la universidad. Comenzó a salir con un chico un poco mayor que ella, que conoció en un boliche. Sus notas son excelentes, ha logrado promocionar todas las materias. Pareciera que la vida de María es perfecta. Sin embargo, desde los 16 años, luego de que su madre le dijera que la veía un poco “gordita” y que comenzara una dieta para que no sea obesa, María sólo desayuna un vaso de agua, un té, almuerza una ensalada con una fruta y cena verduras con fruta de postre. Los días que se “excede” con la comida, suele salir a correr por una hora y toma un laxante. Para poder sostener su alimentación, evita salir con amigos a cenar o merendar y los encuentra después de estos eventos.

Su entorno se encuentra preocupado por el bajo peso que María presenta, pero ella afirma estar muy bien. Por el contrario, le ha confesado a su mejor amiga que se siente bastante gorda.

Mientras que algunos trastornos se expresan simplemente a partir de una preocupación exagerada por la alimentación y/o aspecto físico, generando un impacto muy leve sobre la salud física y emocional, en otras situaciones, esta preocupación asume características muy severas, aumentando el riesgo físico y produciendo un intenso sufrimiento psíquico, con importantes daños sobre la autoestima, el sentido de control y competencia personal, y las relaciones con otros significativos.

En general, estos trastornos suelen estar acompañados de otros diagnósticos como trastornos de la personalidad y trastornos emocionales.
Los padres de María, al ser alertados por su amiga, hablan con ella y la incitan a comenzar terapia. Sin embargo, María se resiste, por lo que los padres, le advierten que no la dejarán retomar sus estudios si no asiste a terapia.
Ambos padres son esbeltos y se preocupan mucho por la imagen corporal, realizando diversas dietas a lo largo de sus vidas, por lo que no notaron extraña la conducta alimentaria de María, pues para ellos, “comía sano”. Sin embargo, al escuchar la narración de la mejor amiga de María, y al comenzar a observar las distintas conductas que su hija tenía en relación a la comida, se preocuparon y consultaron con un equipo especializado.
La diversidad y complejidad de los trastornos requiere la conformación de un equipo especializado a los fines de operar de manera efectiva.
El trabajo con estos pacientes implica como base abordajes de psicoterapia individual, y la asistencia médico nutricional. Asimismo, el trabajo familiar también es imprescindible, especialmente en casos de niños y adolescentes. En situaciones donde la condición clínica lo amerite, se deben realizar intervenciones psiquiátricas.

El trabajo en equipo para el tratamiento de los trastornos alimentarios se convierte en una necesidad por la multiplicidad de factores intervinientes.
El proceso inicial estará basado en tres pilares: 1) médico nutricional, 2) del paciente y 3) de la familia, con el objetivo de evaluar la severidad, el riesgo (tanto médico nutricional como psiquiátrico) y la disponibilidad para el tratamiento.

Luego, el diseño del tratamiento se realizará de manera personalizada, a medida de las necesidades de cada caso.
María y sus padres iniciaron un trabajo terapéutico interdisciplinario, que incluyó terapia individual y familiar. Si bien a María le resultaba muy difícil asistir a las consultas nutricionales y cumplir con los planes alimentarios, de modo gradual y progresivo fue aumentando de peso, y como consecuencia se empezó a sentir con mayor energía, aceptaba salidas con sus amigos y comenzó a compartir cenas o meriendas con sus pares. Se trabajó con su auto-exigencia en los distintos niveles de su vida y fue logrando muy gradualmente a flexibilizar sus patrones.

Con los padres, se comenzó con una orientación sobre lo que le ocurría a su hija, y se les brindaron estrategias para acompañar a María en este proceso. Con los distintos cambios, se requirieron algunas sesiones de psicoterapia familiar para trabajar los vínculos interfamiliares, pues a lo largo de los años se había tornado distante, en donde cada uno estaba preocupado por lo suyo y había generado una sensación de vacío muy grande en María que muchas veces lo “controlaba” al no comer y al mostrarse perfecta ante sus padres, esperando que así ellos le brindaran la atención que ella necesitaba y no se animaba a pedir.

El trabajo en estos casos se divide en tres etapas. La primera centrada en la reducción sintomática, una segunda etapa dirigida a tratar los “grandes temas” y por último el mantenimiento y prevención de recaídas.
Cobra fundamental importancia la detección temprana de síntomas como la excesiva preocupación por el peso y la imagen corporal, pues se pueden prevenir consecuencias graves como la desnutrición entre otras e inclusive la muerte.

Si bien existen ideales de belleza con extrema delgadez, es importante reeducar, informar y ayudar a corregir muchas creencias erróneas respecto al peso, las calorías, los estándares de belleza, etc. Dentro de nuestra labor como profesionales, y todos aquellos que funcionan como agentes de la salud, un objetivo fundamental es promover conductas saludables en los diferentes ámbitos de la vida y estar alertas a cambios en lo que respecta a la imagen corporal y al peso, e intentar que quienes se enemistaron con el espejo y la balanza se puedan reconciliar.

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