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El poder del encuentro grupal – Una experiencia con personas en situación de extrema vulnerabilidad social

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Por Paula Pesao

En 2014  conjuntamente La Fundación Aiglé y la Fundación el Pobre de Asís quien cuenta con un comedor donde se brinda almuerzo todos los días a personas adultas mayores de 40 años, iniciaron un programa de Entrenamiento de Habilidades sociales, con la intención de aumentar las posibilidades de reinserción  laboral de las personas que concurren a dichos comedores.

Comenzamos con la implementación del proyecto para que personas adultas en situación de vulnerabilidad social puedan desarrollar potencialidades que les permitan adquirir recursos que favorezcan y faciliten su reinserción laboral, considerando que es una herramienta de accesible implementación y que ha demostrado su eficacia.

Las habilidades sociales eficaces son repertorios de comportamientos sociales que, cuando se utilizan en la interacción social, tienden a provocar un reforzamiento positivo y generalmente dan como resultado consecuencias positivas. La adquisición de dichas habilidades prepara al individuo para la participación competente y eficaz en diversos aspectos de la interacción humana.

La enseñanza de habilidades sociales es un programa ideado para enseñar y mejorar las habilidades interpersonales y de la comunicación. Es de fundamental importancia que el sujeto pueda distinguir entre comportamiento social pasivo, agresivo y asertivo.

 

Difusión de la actividad

Junto a los integrantes del servicio social, promocionamos las actividades en carteleras y momentos de horarios de las comidas. A partir de ello, la población interesada es entrevistada e informada acerca del proyecto.

El día que elegimos para el encuentro nos acercamos a las mesas algunos no quitan la mirada del plato y escuchan atentos, otros no muestran interés y siguen absortos en su mundo siguiendo en ese anonimato e invisibilidad, algunos preguntan en qué se  los puede ayudar a ellos en la situación en la que se encuentran, que a nadie le importa nada de ellos, que no tienen nada, que qué les vamos a ir a decir nosotras a ellos si no sabemos lo que es estar en la calle. Si bien en algunas oportunidades el tono es desafiante, se dirigen a nosotras con educación y respeto.

 

Promoción de la actividad

Siempre intentamos estar en el mismo lugar físico ya que son ellos mismos los que identifican ese lugar con el proyecto y el encuentro para trabajar en habilidades sociales y conocernos entre todos. Es así como cuando terminan de comer subimos todos a la planta alta del galpón, frío en invierno y muy caluroso en verano,  donde funciona una especie de depósito de cosas donadas entre las que se encuentran muebles, ropa y artículos de todo tipo y entre todos en medio de ese tumulto de cosas rescatamos sillas y formamos un cálido círculo. A medida que fue pasando el tiempo, alguno se adelanta e intenta poner en marcha algún viejo ventilador, otro pasa un trapo a las sillas, otro trae una jarra con agua y vasos para todos, otro comparte su único paquete de galletitas para todo el día, otro trae la foto de su hija a quien acaba de perder, otro un poema que escribió, otro su laptop donde está escribiendo su novela, otro el par de anteojos que logro hacerse, otro un aviso de trabajo para compartir, otro los papeles de su jubilación por discapacidad, otro las órdenes del médico para sus exámenes, otro su disfraz para la obra de teatro que va a realizar junto a un grupo de personas con discapacidad similar a la suya, otros miran y escuchan.

 

Los encuentros

En primer lugar necesitamos “ENCONTRARNOS”.  Hay encuentro cuando desde lo auténtico, desde lo más profundo, nos comunicamos. Cuando las personas que se reúnen se miran, se conectan, se hacen parte. Hay encuentro cuando uno va en busca del otro, de quien necesita, de quien está esperando y es esperado, de quien aprende y enseña. Este encuentro sería incompleto si no produjera algo en quienes lo protagonizan.

El encuentro dura 1 hora y media y no siempre son los mismos integrantes ya que esto varía en función de quienes quieren y pueden participar ese día.

Comenzamos agradeciendo que hayan querido participar, luego nos presentamos diciendo nuestros nombres y edad y les preguntamos si alguien quiere contar alguna experiencia o cómo les fue en la semana con lo que estuvimos trabajando en el encuentro anterior para poder tener  una continuidad y que los que recién se incorporan puedan ir viendo la dinámica del trabajo.

Siempre intentamos que sean ellos mismos quienes interactúen para poder ir desarrollando la habilidad de escucharse, mirarse, respetarse e ir aplicando unos con otros las habilidades que fueron aprendiendo y aplicando.

Buscamos que puedan hablar y compartir sus experiencias e identificar las dificultades que se les plantean para poder ir generando alternativas, recursos y habilidades que los ayude a afrontar e ir modificando aquello que les genera conflicto.

Para finalizar hacemos un cierre donde compartimos los temas que tratamos e intentamos buscar un denominador común así como sobre qué habilidad trabajamos.

Siempre termina quedando corto el tiempo ya que si bien al comienzo les cuesta empezar, después no quieren que se termine el encuentro y muchos preguntan si la seguimos el próximo encuentro porque les quedaron cosas por contar, compartir o los que recién ingresan logran ver la dinámica y piden participar la próxima vez.

Intentamos llamarnos siempre por nuestros nombres para ir recordándolo en cada encuentro y observamos que ellos ya comienzan a llamarse por su nombre  y conocerse y seguir compartiendo experiencias durante la semana.

Nuestra intención es brindar un espacio de contención donde cada uno pueda expresar su padecimiento y situación vital promoviendo el respeto y la valoración de las historias personales

Nos encontramos ante un grupo humano con una gran necesidad de ser escuchados, mirados, comprendidos, contemplados. Nos encontramos con personas donde la carencia más importante no es únicamente la de un trabajo, un techo sino la de no contar con una familia, un grupo de pertenencia; con un Hogar.

Observamos, en la mayoría de los casos, la ruptura de sus lazos familiares, sociales y laborales.

Percibimos un alto sufrimiento psicológico, haciendo que su energía, motivación, deseo, voluntad y esperanza fueran anulados, dado que no encuentran el estímulo necesario para volver a rehacer sus lazos familiares, sociales y laborales. Muchos de ellos manifiestan sentir vergüenza por la situación  que atraviesan siendo este un factor importante para que sean  ellos mismos quienes deciden a veces alejarse y aislarse por temor a ser rechazados.

Sus vidas e identidad están directamente atravesadas por el hecho de “ser de la calle”

A medida que pasa el tiempo ya los vamos llamando por su nombre cosa que les resulta muy extraño, que recordemos cómo se llaman o que les preguntemos cómo les fue en alguna actividad que quedaron en realizar la semana anterior.

Así es como también ellos mismos se van llamando por su nombre e invitando unos a otros y contando de qué se trata la propuesta de trabajo y lo útil que les resulta hablar y compartir lo que les pasa. Quien tengo al lado ya no es un extraño, ahora tiene un nombre y una historia.

El incluirlos en un contexto interaccional  favorable ayuda a que puedan desarrollar habilidades interpersonales y que sus sentimientos de soledad, aislamiento, vergüenza y discriminación disminuyan  favoreciendo  los comportamientos de solidaridad y ayuda recíproca.

El hecho de que se les ofrezca un espacio grupal donde  haya otros en su misma situación hace de motivador  para que ya quieran participar. Ya no están solos, hay otro que me mira, escucha y entiende lo que me pasa.

Se genera un ambiente muy especial, propiciando la participación, aceptación, sentirse mirado, escuchados, acompañados y seguros para poder ir recobrando la confianza, la esperanza y la motivación necesarias para poder aprender y desarrollar las habilidades  e ir generando cambios.

El trabajo profesional está apoyado y es vehiculizado a través de una escucha empática de aceptación, compromiso y acompañamiento, carriles sólidos a través de los cuales las herramientas a desarrollar y aprender tienen lugar.

 

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