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El trastorno bipolar: Una enfermedad silenciosa que irrumpe como un volcán

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Por Lilian Corrado –  Equipo Trastorno Bipolar de la Fundación Aiglé       

 

Muchos habrán escuchado el término “Bipolar” en boca de quien quiere subrayar el “carácter inestable” de otra persona, o lo habrán usado para describir el ánimo propio uno de esos días en los que la vida nos sorprende con un vendaval de retos dispuestos a sacar lo mejor y lo peor de nosotros.

El término Bipolar  entró a las casas en una versión que pretende ser una expresión  light de un fenómeno que en su “versión original”, por desconocimiento asusta. En el imaginario social el trastorno bipolar  se acerca más a los demonios de antaño que a la enfermedad de la cual se trata.

Nos proponemos con este trabajo acercarles la información que creemos puede ser útil, a la hora de identificar signos que pudieran ser la clave para asir de antemano una enfermedad en desarrollo en un individuo, y no sucumbir ante interpretaciones erróneas que confunden y no ayudan más que a la estigmatización y en algunos casos a la condena.

Qué es el trastorno Bipolar?

El trastorno bipolar  es una enfermedad seria que afecta a un 1.5% de  la población, que se manifiesta por cambios marcados o extremos en el estado de ánimo. Los períodos de sentirse triste o deprimido pueden alternar con períodos de sentirse muy feliz y activo o malhumorado e irritable.

Es un trastorno cerebral complejo, causado por los problemas que tiene el cerebro para regular y balancear el ánimo. Nuestro cerebro tiene un termostato  de emociones que regula nuestro estado de ánimo entre la tristeza y la alegría. En los pacientes bipolares esa función del cerebro está mal calibrada. Muchas veces se usa el ejemplo de la diabetes para explicar esta enfermedad, ya que se trata también de un mecanismo de regulación, en este caso del azúcar, que está alterado. Tenemos en un área del cerebro mecanismos que tienen la función de mantener más o menos el mismo estado de ánimo, con independencia de las experiencias que vivimos. Tanto si nos otorgan un gran premio como si sufrimos una pérdida significativa estamos diseñados como para que al cabo de algunas semanas, nuestro ánimo haya vuelto a regularse. Desafortunadamente, la gente con tendencia a la depresión y a la manía sufren fluctuaciones que son mucho más extremas y pasan de una manía severa a un estado depresivo grave.

Un punto central que queremos resaltar es que el trastorno bipolar es una enfermedad como las demás enfermedades. Es una enfermedad física, una enfermedad médica. Lo único que la distingue de las demás es que el órgano afectado es el cerebro. Pero es una enfermedad médica como las otras.  Es necesario concientizar esta idea para desbaratar  la connotación negativa que circula socialmente sobre el trastorno y los juicios morales sobre los comportamientos desadaptados que provienen del  mismo.

“La erradicación del estigma, de los estereotipos, prejuicios y rechazos con que se carga a las personas que padecen problemas de salud mental es el mejor instrumento para que la propia persona afectada reduzca sus niveles de estrés psicosocial, que en muchas ocasiones son los que le provocan los cambios de humor extremos” (VarGasHuiCoCHea y BerenzonGorn. Acta Psiquiátrica y Psicológica de Am Lat., 2012; 58(3): 184-191).

 

Síntomas

La fase maníaca puede durar de días a meses y puede incluir los siguientes síntomas:

  • Fácil distracción
  • Participación excesiva en las actividades
  • Poca necesidad de sueño
  • Deficiente capacidad de discernimiento
  • Control deficiente del temperamento
  • Comportamientos imprudentes y falta de autocontrol como beber, consumir drogas, tener conductas promiscuas, apostar y hacer gastos exagerados
  • proyección de planes irrealizables
  • Estado de ánimo muy irritado, pensamientos apresurados, hablar mucho y tener creencias falsas acerca de sí mismo o de sus capacidades

 

Nadia, 32 años:…“… este verano me fui de vacaciones con mi mamá y mis hermanos a la playa… mi marido se quedó, yo me fui con mi nena de 7 años y… y nada… surgió una situación, no sé cómo explicarlo… pasó todo en una semana….empecé a sentir nervios, me puse muy inquieta y empecé a acelerarme y sentí que me cambiaba mi personalidad, yo  siempre fui muy insegura y de repente empecé… empecé a sentirme con mi autoestima alta, confiada, empecé a salir mucho,… conocí otra gente,  todos los días conocía a gente diferente, empecé a salir con hombres, empecé a hablar más rápido y sin parar, me sentía feliz y no quería dormir, se me fue completamente el sueño, hacía cosas como invitar a gente a quedarse en casa… a hombres, a la casa donde estábamos con mi familia y mi nena, después volví a Buenos Aires y le conté a mi marido que había estado con varios hombres y me fui de mi casa…, él me vio transformada, siempre me lo dice, era otra…Cuando de repente me vi fuera de mi casa, no sé, estaba…no entendía nada, sentí una culpa y un arrepentimiento terrible, al toque me deprimí…”

Guillermina, 48 años:… …”Salí y me fui corriendo al río, sentía una libertad y una expansión de conciencia que jamás había sentido, estaba segura que era una experiencia extrasensorial. Estaba exultante. Me creía todopoderosa y sentí que podía hacer cualquier cosa que nada malo me iba a pasar. Yo soy vegana, me fui a Mc Donald’s y me pedí 3 hamburguesas que me comí una detrás de otra sin parar. Me reía mientras lo hacía, creía que era Dios. Y ahí empecé a vivir cosas peligrosas porque empecé a alucinar que yo era Dios, entonces me descalcé y caminaba sobre lo que veía para probarme, piedras, latas, vidrios, y después todo se fue agravando más y más porque yo no era solo Dios, sino el Dios del Sol, por lo cual me encontré en una guerra entre el Dios Sol y la Diosa luna, y ahí tuve mucho miedo, mucho terror. Después de eso entré en una depresión muy grave…”

El episodio depresivo puede incluir estos síntomas:

  • Tristeza o estado de ánimo deprimido diariamente
  • Problemas para concentrarse, recordar o tomar decisiones
  • Problemas en la alimentación como inapetencia y pérdida de peso o consumo exagerado de alimentos y aumento de peso
  • Fatiga o desgano
  • Sentimientos de minusvalía, desesperanza o culpa
  • Pérdida del placer de realizar actividades que alguna vez disfrutaba
  • Pérdida de la autoestima
  • Pensamientos de muerte o suicidio
  • Dificultad para conciliar el sueño o dormir demasiado
  • Alejarse de los amigos o las actividades que alguna vez disfrutaba

 

Gastón, 35 años: ”…Volví a tomar… Sé que ya ni me alivia, pero no puedo más, tomo por desesperado, el impulso me lleva, no quiero estar despierto, no puedo dormir pero cuando duermo el despertar es como la peor pesadilla. No hay nada en la vida que me distraiga siquiera. Lo único que me mantiene vivo es mi madre, la culpa que me da dejarla sabiendo que su hijo se mató, pero le he escrito varias cartas pidiéndole perdón, y después las tiro. Las dos veces que traté de matarme lo que más me hacía sufrir era ella. Lo demás, el saber que ya terminaba con todo, me aliviaba…, pero nunca lo logré, no puedo ni eso…”

 

Causas de la enfermedad

La causa exacta de la enfermedad bipolar se desconoce,  son muchos factores que actúan en conjunto y la producen. Debido a que el trastorno tiende a prevalecer en las familias, los investigadores trataron de buscar un gen específico que se transfiera por generaciones y el cual pueda incrementar las posibilidades de una persona a desarrollar la enfermedad. Hasta el momento no se halló “ese” gen, pero sí se sabe que son varios los genes que participan en el desarrollo del trastorno. Entonces, en términos de “riesgo de enfermedad” en la familia, lo que sabemos de muchos estudios hechos es que si uno tiene un familiar con Trastorno Bipolar, uno tiene mayor riesgo de sufrir la enfermedad.

Por otro lado, como sabemos, los genes interactúan con todas las experiencias que tenemos a lo largo de nuestra vida. Por lo cual sabemos que la causa está siempre en esa compleja combinación de vulnerabilidad que heredamos de nuestros parientes y de todas las experiencias que suceden en nuestra vida  incluyendo los disparadores con los cuales nos topamos  a lo largo de ella.

Curso y Expectativas

El trastorno bipolar típicamente comienza entre la adolescencia y la adultez temprana, y afecta por igual a hombres y mujeres. La única diferencia entre los géneros es que las mujeres, además de ser llevadas por este huracán emocional, tienen la influencia cíclica de las hormonas.

El curso evoluciona en forma crónica, cíclica y progresiva. Desde el momento en que la persona sufre la primera crisis puede pasar mucho tiempo hasta que tenga lugar la siguiente, siendo esta una de las causas que hace más difícil el diagnóstico precoz. Pero así como es frecuente que el periodo intercrítico sea así de extenso, también se sabe que, hablando de la evolución a largo plazo, aun contando con tratamiento efectivos, más de la mitad de los pacientes tiene luego de haberse recuperado, al menos un episodio entre los 5  y los 8 años posteriores.

Factores de riesgo

Tampoco hay una causa clara para el desencadenamiento de cada episodio de manía o depresión. Sí, podemos hablar de los factores que sabemos inciden positivamente para desencadenarlos, como por ejemplo:

  • Estrés en el hogar
  • Estrés laboral
  • Irregularidad en el sueño
  • Consumo de alcohol
  • Consumo de drogas
  • Sedentarismo
  • Desorden en las rutinas diarias
  • Interrupción de la medicación asociada a la enfermedad
  • Cambios hormonales bruscos (Parto)

 

Estilo de Vida

Es redundante decir que seguir un estilo de vida ordenado y saludable apunta en dirección contraria a los agentes que recién nombramos, pero vale la pena resaltarlo.

Sabemos gracias a muchas investigaciones, que cambios muy simples en el estilo de vida pueden ayudar a personas con Trastorno Bipolar a controlar los síntomas y manejar de forma más efectiva su enfermedad a largo plazo. Los aspectos del estilo de vida que consideramos de mayor relevancia en este caso son: el sueño, la alimentación,  el ejercicio, el alcohol, y las rutinas diarias.

Tanto las alteraciones en el sueño, como los cambios en el apetito son características típicas del Trastorno Bipolar. Muchos estarán familiarizados con la experiencia de no tener absolutamente nada de apetito, o demasiado, y lo mismo con el sueño, durante periodos de gran desazón o de mucha alegría. Ambas necesidades biológicas están relacionadas y controladas por un área profunda del cerebro llamada zona límbica. Esta es un área que está especialmente vulnerada en las personas con Trastorno Bipolar

En cuanto al ejercicio físico, todos sabemos que después de un rato de entrenamiento físico es factible que nuestro cuerpo esté relajado y con energía, y nuestra mente, aquietada. Es probable también que estemos mejor predispuestos a comer algo saludable y en dosis equilibradas y que, si lo hacemos en forma regular y en horarios mas bien fijos, también influye positivamente en un buen dormir. El ejercicio aumenta  los niveles de endorfinas en el cerebro lo que induce a sensaciones de placer y bienestar. Entendemos con todo esto, que el ejercicio es un componente substancial dentro de las pautas que debe seguir toda persona con esta dolencia. Sabemos a través de numerosas investigaciones que los individuos con trastorno bipolar que participan en programas de ejercicio regular tienen menor reactividad al estrés frente a un estresor agudo. Lo más importante será plantearlo de forma suave pero frecuente, estableciendo objetivos realistas.

El alcohol es un problema masivo y muchas veces poco reconocido en muchas personas con Trastorno Bipolar. Se estima que un 60% de las personas con el trastorno también sufren un grave problema con el alcohol. Pero esta relación entre el alcohol y el Trastorno Bipolar es extremadamente compleja. Algunas personas beben para atenuar los síntomas de ansiedad y depresión, mientras que otras personas beben más durante las fases de manía tanto por ser más sociables como para maximizar sus experiencias de euforia y expansión. Lo mismo ocurre con  el cannabis y la cocaína  y se sabe muy bien que empeoran notablemente el curso de la enfermedad.

Por otro lado, tanto el alcohol como otras drogas son activadoras de la impulsividad, lo cual aumenta el riesgo suicida durante los episodios.

Las investigaciones han demostrado que tener un patrón regular (rutina) de descanso, alimentación, trabajo, socialización, ejercicio y no consumo de sustancias, es una forma efectiva de equilibrar el estado de ánimo y prevenir episodios de depresión y manía, de allí, la terapia de ritmos sociales encargada de ordenar los ritmos de la vida cotidiana.

Como parte de la rutina está el ser regular con la medicación. Desafortunadamente, se sabe que una de las causas más comunes de recaída en el Trastorno Bipolar es la detención de la toma de los medicamentos regulares, especialmente si es abrupta, y que el efecto de la medicación puede no volver a ser el mismo al retomarlo.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento consiste en que el paciente logre suficiente competencia para el manejo de la enfermedad a largo plazo y desarrolle una estima saludable, muchas veces derruida por los avatares de la enfermedad.  Que se sienta un agente eficaz al mando del curso de su problema.

Lamentablemente, aunque cada vez disponemos de un mayor número de tratamientos eficaces un alto porcentaje de las personas que padecen el trastorno no se tratan, y entre los que llegan al consultorio un alto porcentaje no lleva a cabo un buen cumplimiento del tratamiento indicado.

El acento que ponemos los profesionales en la búsqueda de la detección temprana del trastorno y en la necesidad de que realizado el diagnóstico correcto el paciente inicie y adhiera a un tratamiento eficaz reside en que  sabemos que cuantos más episodios de la enfermedad sucedan, una mayor cantidad de episodios pueden ocurrir. Parecería que cada episodio de depresión o manía de alguna manera cambia el cerebro o podría decirse que cambia la configuración del Termostato de las emociones de tal forma que el cerebro se vuelve más vulnerable a episodios futuros.

Lamentablemente, a no ser en casos de gran severidad, las manifestaciones del trastorno bipolar pueden no ser comprendidas por los pacientes y sus familias ni reconocidas por los profesionales de la salud mental, de modo que el diagnóstico se puede dilatar en ocasiones hasta 10 e incluso 12 años. La hipomanía, que es la versión menos severa de la manía, los periodos interepisódicos que cursan asintomáticos, y las variaciones individuales que según las características de personalidad arman el entramado particular de la enfermedad en cada individuo, son algunos de los factores que inciden en que el diagnóstico correcto pueda  demorarse tanto más de lo esperable.

Actualmente existen diferentes tratamientos para este trastorno. El tratamiento probado científicamente como el más eficaz se basa en el uso de fármacos (escencialmente estabilizadores del ánimo) y de diversas técnicas psicológicas, dentro de las cuales las centrales son la psicoeducación (para el paciente y la familia), la terapia del ritmo social, la terapia cognitiva y la intervención con la familia. Un punto adonde poner el acento es que el tratamiento es siempre combinado. No hay psicoterapia que reemplace la medicación y viceversa.

La psicoeducación tiene la función de darle información sobre la enfermedad al paciente y a la familia, y otorgarles herramientas que les sean eficaces a la hora de prevenir recaídas y de interrumpir los episodios en su etapa temprana.

Son  3 las técnicas centrales en las que la psicoeducación se apoya para evitar el desarrollo de nuevos episodios: la identificación de disparadores de los episodios, el monitoreo cuidadoso y frecuente del estado de ánimo, y la confección de planes específicos para reconocer y eliminar los síntomas en un estadio temprano. Los ejercicios de monitoreo ayudan a reconocer cuándo los cambios en los estados de ánimo de todos los días comienzan a salirse de control y es bueno para encontrar la relación entre lo que sucede día a día y cómo ello afecta al ánimo. En este sentido se complementa con el trabajo realizado con los disparadores.

Marina, 42 años…”Yo sé ahora cuando me está por venir… por ejemplo a mí en esos momentos se me da por escuchar música todo el santo día y bailar. Entonces, si yo me veo que estoy todo el tiempo escuchando música o bailando, pero de una manera que es ya estar del otro lado… bailar sin parar… si yo me veo escuchando música y que la música me emociona demasiado… ya ahí es un síntoma. Después otro es sacar fotos y hacer collage y recortar… es otro síntoma…  siempre eso lo hago antes de recaer, siempre, así que ya sé que en cuanto eso empieza, tengo que pegar el grito a mi psiquiatra, así lo vengo frenando”.

Ambos ejercicios tienen gran implicancia en interrumpir episodios de depresión y manía cuando comienzan, antes de que tomen el control, lo cual se puede lograr siendo vigilantes a los síntomas y siendo veloces en el proceso de buscar ayuda lo antes posible

La terapia de ritmos sociales ayuda a la persona a regularizar sus hábitos y rutinas de forma estricta y a modificar patrones que tienen en la forma de relacionarse con los otros.

La terapia cognitivo comportamental ayuda a modificar sesgos de pensamientos o creencias disfuncionales que pueden influir negativamente en la enfermedad. La misma tiene efecto particularmente en la depresión.

Intervención familiar. Muchos estudios realizados sugieren que incorporar al tratamiento un abordaje  familiar favorece la prevención de recaídas en el trastorno bipolar. En primer lugar, es fundamental que estén bien informados acerca del Trastorno. Todos deben tener una información lo más acabada posible sobre el tema, sobre qué es, qué lo causa, cómo se trata y qué puede hacer la familia para ayudar. La psicoeducación le proporciona a la familia un repertorio de estrategias valiosas para acompañar y colaborar activamente con el paciente,  como la detección e intervención precoz por su parte ante las primeras señales de recaída, la optimización de factores protectores como la regularidad de hábitos, la adherencia terapéutica y el manejo del estrés.

Al mismo tiempo, está claro que no es fácil tener a cargo una persona que sufre esta enfermedad. El déficit en la calibración de sus estados anímicos hace que en muchas ocasiones estas personas se encuentren presas de su ira, de su exitación, de sus conductas descontroladas, de su desazón, de sus ideas de suicidio, de sus impulsos autolesivos, e incluso, en las versiones más severas del trastorno, se vean asaltadas por síntomas psicóticos.

Las intervenciones que apuntan a “separar a la persona del trastorno”, ayudan a desresponsabilizar a las personas por los comportamientos de los cuales es responsable su enfermedad, a los miembros de la familia a no tomarse personalmente las actitudes negativas de su pariente, y así mejorar las interacciones positivas, bajar el estrés y disminuir la carga  familiar.

Con el devenir del proceso terapéutico, la modificación de concepciones y atribuciones erróneas sobre diferentes aspectos de la enfermedad reducen las consecuencias negativas que de ello se derivan sobre las actitudes y conductas de los familiares hacia el paciente.

Es el objetivo de este artículo, que la difusión abierta a la comunidad sobre el Trastorno Bipolar, lo rescate de las tinieblas en donde para muchos todavía está, se lo llame por su nombre y no por apodos erróneos y dañinos,  para preservar a las personas que lo sufren, de malas interpretaciones y de la discriminación todavía vigente.

“…El lenguaje es el medio que nos permite descubrir el Universo, pero también es el que nos conduce al engaño. Sirve para que hagamos vivir al otro o para que lo destruyamos,  para llenar nuestro mundo de poesía o de hostilidad. Una sola palabra o una sola mirada son capaces de alentar nuestra esperanza o hundirnos en la desesperación…”

Héctor Fernandez Alvarez.

El bienestar que buscamos”

 

Si identificas en vos, o en alguien cercano, algunos de los signos que describimos, no dejes de hacer una consulta con un profesional especializado. Una de las variables más prometedoras para una buena evolución del trastorno, es como ya dijimos, su detección temprana y el inicio del tratamiento adecuado.

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