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¡HABLAR NO ES COMUNICARSE…Y MENOS CON LOS ADOLESCENTES!!!!

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Equipo de Familia y adolescencia, Fundación Aiglé – Mariana Maristany

“La posibilidad de conservar una identidad firme y poderosa parece depender fundamentalmente de la posibilidad de ser, en buena medida, lo que se espera de uno y en medida equivalente, ser algo distinto, aunque no resulta fácil precisar el alcance de esa diferencia.”

Héctor Fernández Álvarez

Existe una creencia popular acerca de que con los hijos hay que hablar especialmente durante la adolescencia.

“Hablando la gente se entiende” …Los padres usualmente, afirman: “del tema del alcohol y las drogas ya lo hablamos”. Lo mismo ocurre con todos los temas sensibles y que pueden ser problemáticos durante este periodo evolutivo.

Es cierto que hablar es importante, sin embargo, durante la adolescencia la comunicación puede tornarse difícil. Puede ocurrir que nuestro hijo no quiera hablar justo en el momento que tengo libre…. o estoy más descansado para hacerlo. Puede ocurrir que tampoco le interese hablar de ese tema o que experimente cierta vergüenza y que lo expresa con rechazo. Puede ocurrir que, sin darnos cuenta, estemos invadiendo un espacio de intimidad.

¿Y entonces cómo hacemos para transmitir lo que nos parece que está bien o mal?, ¿cómo hacemos para saber en que anda?, ¿cómo sabemos si está bien de ánimo? ¿Si está sufriendo por algo?

Durante este periodo se sientan las bases para el desarrollo del propio proyecto personal, para ser una persona autónoma, tomar las propias decisiones. El adolescente se enfrenta a múltiples exigencias como modificar la imagen corporal, cambiar la relación con los pares y con las figuras de autoridad, construir su identidad sexual, tomar decisiones, integrarse a grupos nuevos y sobre todo responderse la pregunta ¿quién soy?

Para ello es necesario en primera instancia que el adolescente aprenda a percibir y entender nuevas sensaciones corporales y nuevas emociones. Este proceso no es nada fácil y por ello puede ocurrir que por momentos experimenten cierta desregulación emocional y no sepan por qué. Se siente malhumorado/a o llora sin saber qué pasa.

Una primera sugerencia para comenzar un dialogo, es estar atentos al estado emocional del adolescente. No interpretar que las reacciones necesariamente son por rechazo o falta de respeto. Como padres seamos tolerantes….

Para desarrollar la autonomía es necesario, además, cierto grado de autoestima que ayude a tener confianza en mí mismo/a. Llegar a la adolescencia con baja autoestima es un déficit muy significativo que puede generar diferentes trastornos desde inhibiciones significativas hasta una vulnerabilidad para el consumo de alcohol. Sentir que puedo, tener sentimientos de autoeficacia y que lo que emprendo me puede salir bien es esencial.

Otra sugerencia entonces. es generar un dialogo en el que primero escuchemos, escuchar las ideas y creencias favorece un dialogo empático. Si el “dialogo” se convierte solamente en monologo solo genera hostilidad, evitación, rechazo. Es contraproducente.

El diálogo implicará una reflexión personal sobre nosotros mismos como adultos.

La comunicación se puede mejorar de manera indirecta, compartiendo actividades, mejorando la capacidad de escucharlos, hablando de nuestras experiencias o dificultades frente a situaciones similares.

Lo que hagan y elijan tiene mucho más que ver con la observación de lo que los padres hacen y dicen más que de lo que “se” les dice a ellos de manera directa. Los científicos sociales han descrito largamente los procesos de aprendizaje por observación llamado aprendizaje por modelado.

Como padres tenemos que tratar de interpretar qué nos está tratando de transmitir nuestro hijo cuando sus reacciones, conductas, relaciones con pares son contrarias o diferentes a lo esperado por los padres. Aunque la confrontación sea constante siempre hay que estar dispuesto a dialogar (siempre una puerta abierta).

Cuando un hijo comienza a frecuentar ámbitos poco recomendables, es mejor apostar a motivarlo en otra dirección más que dictar prohibiciones.  Es un mayor desafío porque implica involucrarnos en su mundo y sus necesidades.

 Es MUY IMPORTANTE tener en cuenta que ninguna familia está exenta de tener adolescentes con problemas y no depende todo de los padres.

La pertenencia a grupos de pares de riesgo, en adolescentes con un bajo nivel de autoestima, dificultades en habilidades sociales, que buscan estimulación, o impulsivos puede aumentar los niveles de riesgo en el desarrollo de disfuncionalidad.

ES IMPORTANTE NO CAER EN AUTOINCULPARNOS EXCESIVAMENTE POR CUALQUIER DIFICULTAD DE LOS HIJOS. El exceso de autocrítica como la falta total de la misma son dos extremos en los cuales no cabe la posibilidad de mejorar como padres. Muchas veces a través de los hijos podemos observar aspectos desconocidos positivos o no, de nosotros mismos, con los cuales lo primero es poder reconocerlos, sea para potenciarlos o cambiarlos.

Recomendaciones para situaciones críticas

  1. Cuando un hijo miente: entender sus motivos y razones, antes de evaluar el contenido de la mentira. En esas situaciones existe, a menudo, algún miedo o el deseo de satisfacer algún deseo de los padres.
  1. Cuando un hijo sustrae dinero: no apresurarse a calificarlo de robo. Tratar de comprender lo ocurrido y blanquear la situación. Si uno lo descubrió, decirlo abiertamente.
  1. Cuando el hijo se relaciona con personas poco recomendables: intentar aceptar la situación. Tenemos que tratar de entender que hay algo que está buscando. Que, si lo acompañamos, posiblemente podamos ir hasta el otro lado de la orilla con él.

Todo se puede mejorar en las relaciones humanas, si existe la voluntad. Lo único que, como padres no podemos hacer si queremos fomentar su desarrollo, es responder a sus conductas de individuación con amenazas de ruptura, o exclusión de la familia.

 

Si sos agente de salud y te interesa seguir profundizando visitá nuestro Facebook. El 16 mayo Hinda Winawer del Ackerman Institute for the family de Nueva York, dictara un seminario sobre Terapia familiar con adolescentes en riesgo.

 

 

 

 

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