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La práctica de Mindfulness. De la reacción automática a la respuesta creativa

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Por Roxana Rostan, Patricia Kalfaian y Lorna Oswood. Equipo de Mindfulness de Fundación Aiglé

En un mundo cambiante donde el ser humano se orienta por la novedad constante y la cantidad de información que consume a diario, la vida se va complejizando día a día. Si bien esta situación ha sido creada por nuestros cerebros inquietos e inteligentes, exige mecanismos adaptativos cada vez más veloces y sofisticados. Esta frenética adaptación a la que nos sometemos nos lleva a reaccionar la mayoría de las veces de manera automática y desadaptativa y la terminamos pagando con altos niveles de distres y sufrimiento.

Imagen Ansiedad

Mindfulness o atención plena es una práctica meditativa, que si bien tiene su origen en el budismo, se la considera una práctica secular con sólida base científica. Universidades de todo el mundo, a través de múltiples investigaciones, han probado los beneficios de esta técnica sobre la salud física y mental.

El suceso más importante para el desarrollo de Mindfulness fue la fundación por parte de Jon Kabat Zinn en 1979 del Center for Mindfulness en la Universidad de Massachusets (EEUU), donde desarrolló el programa de 8 semanas de Reducción de Estrés basado en Atención Plena, cuyas siglas en ingles son MBSr.

Esta práctica implica procesos psicológicos como regulación emocional, habilidades cognitivas (metacognición), exposición, autobservación y desarrollo de la autocompasión .

La práctica de Mindfulness se integra a la psicoterapia combinando conceptos teóricos de la terapia cognitiva con prácticas de meditación basadas en Mindfulness (MBCT) y su aplicación a distintos tratamientos ha sido empiricamente validada. A partir de esta validación vemos que hoy se la utiliza como abordaje complementario en trastornos de ansiedad, trastornos alimentarios, prevención de recaída en depresión, estrés postraumático, adicciones, trastorno de la personalidad entre otros.

Así mismo se ha extendido a otros ámbitos de aplicación, como ser el ámbito sanitario donde se aplica para el tratamiento de enfermedades físicas como el dolor crónico, las afecciones cardiovasculares, las enfermedades oncológicas, entre otras.

En el ámbito educativo, se utiliza para promover un aumento de la capacidad de concentración y del rendimiento académico de los alumnos, así como en la mejora de las relaciones interpersonales y un mejor ambiente en las aulas.

En el ámbito empresarial o laboral opera en la reducción y prevención del estrés laboral y de otros riesgos psicosociales como burnout o el acoso psicológico. De la misma forma, promueve el aumento de la satisfacción laboral, un mayor rendimiento y un aumento de la creatividad.

La meditación es, simultáneamente la actividad más sencilla del mundo, porque no supone nada especial que hacer ni lugar alguno al que ir y la más compleja porque nuestro hábito de distracción está tan arraigado que resulta muy difícil que nuestra conciencia lo vea y lo desmantele” (Jon Kabat Zinn)

Esta posibilidad de la mente de observar y auto observarse, que se hace de manera desapasionada como si fuéramos científicos explorando nuestros procesos mentales, es lo que nos proporciona una mayor comprensión de nuestros mundos internos y de las pautas habituales de pensamiento, que muy a menudo nos encierran en circuitos imposibles de romper.

Esta capacidad de la mente nos facilita el darnos cuenta de la relación que establecemos con la experiencia directa. De esta forma, al observar lo que sucede tal cual sucede y no como nos gustaría que fuera, se promueve un espacio entre el estímulo y la reacción, logrando una respuesta más adaptativa. En el caso de una emoción dolorosa o de pensamientos difíciles, la mente tiende a intentar deshacerse de ellos, a resistir, perpetuando así el circuito, cerrando el abanico de posibilidades.

A través de la quietud de la práctica observamos la irrealidad de los pensamientos…

Los pensamientos son eventos mentales…no son la realidad

La clave no es eliminarlos o excluirlos, sino aceptarlos como parte de lo que sucede…

Este distanciarse y discernir, este reconocer y aceptar lo que sucede mientras sucede, permite un cambio en la relación que la persona establece con la experiencia.

Esta aceptación de la experiencia en el momento presente desarrolla la flexibilidad psicológica necesaria para ensayar nuevos recursos y nuevos significados y de esta manera aumentar mecanismos de afrontamiento saludables.

Mindfulness en dos situaciones específicas de aplicación clínica

El caso del dolor crónico

Las personas que sufren de dolor crónico ven afectado el funcionamiento de sus vidas principalmente por la presencia de emociones intensas, pensamientos recurrentes y algún tipo de limitación física. La tendencia general de estos individuos es la de evitar o luchar denodadamente contra la dolencia, haciendo que los niveles de estrés aumenten aún más.

El dolor se entiende básicamente como una experiencia personal desagradable que posee una dimensión física asociada y que puede estar causada por una enfermedad, una lesión o una situación estresante. La forma en que se vive esta experiencia está teñida por factores biológicos, psicológicos y sociales.

Mindfulness, a diferencia de otras técnicas o abordajes, promueve la orientación de la atención hacia al malestar de forma gradual y con una actitud de aceptación y amabilidad. Estas cualidades se cultivan a través de la práctica sostenida, dando como resultado un estado mental de mayor apertura e integración. El alcance de un mayor bienestar surge como resultado de una mirada contemplativa que facilita una mejor comprensión de la asociación mente cuerpo.

La práctica de la atención plena ayuda a que el individuo sufriente en lugar de sentirse atrapado en el dolor, lo interprete y lo gestione de una manera distinta, principalmente al posibilitar la diferenciación entre el sufrimiento primario y el sufrimiento secundario. El primero se refiere a la experiencia original desagradable e inevitable, y el segundo, a las formas de resistencia y lucha que la persona entabla frente al dolor original. Mindfulness trabaja sobre el segundo sufrimiento, haciendo que el individuo interrumpa el ciclo de tensión y reacción para transformarlo en uno de mayor conciencia, compasión y libre elección.

De esta forma, lo que la práctica de atención plena en el presente modifica principalmente es la relación del individuo con el dolor, pasando a ser más comprensiva y constructiva.

Las investigaciones señalan que Mindfulness atenúa los patrones cerebrales subyacentes al dolor porque tranquiliza al sistema mental, físico y emocional permitiendo recuperar el equilibrio. Con el tiempo estos cambios se arraigan y alteran la estructura del cerebro para no volver a sentirlo con la misma intensidad.


Mindfullness en la depresión

La terapia cognitiva ha demostrado ser el abordaje más eficaz para el tratamiento de la depresión, y a pesar de sus resultados exitosos aún nos vemos obligados a pedirle más, cuando evaluamos el mantenimiento de los mismos a largo plazo.

Un grupo de psicoterapeutas cognitivos formado por Zindel Segal, Mark William y John Teasdale se propuso organizar una intervención para prevenir las recaídas de los estados de ánimo deprimidos. Las investigaciones arrojaban un dato preciso en referencia a este tema al mostrar la incidencia de patrones de pensamientos negativos persistentes que se disparaban ante situaciones cotidianas de tristeza en los pacientes con antecedentes de depresión. Estos patrones de largas cadenas de pensamientos cargados emocionalmente llevaban a la persona a recaer. La percepción de una emoción de tristeza dispara viejas rutinas de pensamientos que están motivadas con el objetivo de escapar o evitar estos sentimientos vividos como amenazantes. Segal explica que los pacientes permanecen en un modo cognitivo y de ahí la persistencia de dichas cadenas.

El autor describe este modo bajo las siguientes características: el paciente vive en “piloto automático” en vez de vivir conscientemente, tiende a experimentar a través de los pensamientos en lugar de conectarse directamente con la experiencia, se detiene en cuestiones del pasado o del futuro y se enfoca poco en atender el presente; trata de evitar, escapar o deshacerse de experiencias desagradables con la necesidad de que las cosas sean diferentes de la forma en la que están; les otorga categoría de verdad absoluta a los pensamientos, y sobre todo se dirige a sí mismo con dureza, poca amabilidad y poca o ninguna compasión.

En la búsqueda de un tratamiento que enseñe a estos pacientes a salir de este modo cognitivo fue que este conjunto de terapeutas ingleses creó el programa de intervención basado en Mindfulness.

Los paciente que atraviesan esta experiencia se dan cuenta antes de las viejas rutinas rumiativas y pueden intervenir para prevenir que se desencadenen. Como se describió anteriormente, la herramienta por excelencia para lograr tal mecanismo es la refocalización de la atención de los contenidos a la observación de las cualidades de los pensamientos: intensidad, perdurabilidad, repetición, connotación evaluativa, etc.

Si Mindfulness se trata de llevar la atención a la experiencia del momento presente de un modo deliberado y cualitativamente particular, el primer paso entonces será hacerlo consciente y soltar, dejar ir, reducir la participación en estos ciclos rumiativos y liberarse de la necesidad de que las cosas sean diferentes, ya que esto es precisamente lo que impulsa a los patrones de pensamientos negativos que luego llevan a la depresión.

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