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Repensando la Infidelidad

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Por Lilian Corrado y Mariana Maristany

               Durante el 2016, en el marco del 40 aniversario de la Fundación Aiglé,                    Ester Perel dictó un seminario acerca de la INFIDELIDAD EN LA PAREJA. Su visión nos abre a pensar el modo en que se puede conceptualizar el problema y modos de intervención. A continuación, compartimos las ideas más relevantes.

 Durante muchos años el matrimonio fue un producto social, económico y de género. Poco tenía que ver con la idea del amor romántico. Lo importante era la familia como célula social y como tal, era lo que contaba. Lo que ocurría dentro de la pareja no era importante. A nadie se le ocurría cuestionarlo. Si lograban tener varios hijos que contribuyeran a poblar el planeta su función estaba cumplida.  De hecho, aún hoy existen países donde los matrimonios son convenidos y el amor y el romanticismo no son lo central.

En dicho contexto la amenaza del adulterio era y lo es en la actualidad una amenaza puramente económica.

Desde el momento que hemos integrado el amor de pareja con el matrimonio, la infidelidad se transformó en una traición de amor.

Con ello, se ha cargado a la pareja de un sin fin de expectativas, especialmente en las sociedades occidentales donde existe el romanticismo.

Congruente a ello la infidelidad comenzó a ser considerada como un síntoma de que algo no va bien en la pareja o algo no va bien en alguno de los miembros de la misma. Siempre es considerado como una deficiencia. “Si tuvieras todo lo que necesitas en casa no hay ninguna razón de buscar en otro lugar”.  Siempre es signo de que algo falta.

Cuando hablamos con mujeres nos dicen “no tengo suerte”. “Cuando mi pareja me es infiel significa que ME falta algo”. “Si me escogiste con la idea de que no tendrías deseo alguno por otro, tu búsqueda por fuera de mi significa que ya NO soy suficiente”.

La infidelidad siempre duele. Siempre es algo negativo y que amenaza la continuidad de la relación y la estabilidad de la confianza en sí mismo del que se considera víctima. “Ya no se ni estoy segura de nada, todo lo que era fue una mentira y no puedo confiar en nadie por tu traición”. La infidelidad no es algo que duele solamente. Es como un trauma. Trauma de pérdida de identidad.

    … La infidelidad tiene todas esas caras. La idea de que pueda ser algo que ayude a la pareja es, hasta el momento,  impensable… 

Además, durante mucho tiempo los terapeutas de pareja tenían una premisa muy fuerte de que los problemas sexuales son la consecuencia de los problemas afectivos y emocionales. Si cambiamos la dimensión emocional de la pareja, si la pareja mejora su relación afectiva, los problemas sexuales se resuelven automáticamente. Esta es una de las maneras que encontramos de evitar hablar de lo que es tabú, de lo que incomoda, así evitamos hablar de sexo. Era así que las parejas peleaban menos, se comunicaban mejor, pero “en la cama” no cambiaba nada, cambiaba solo en la cocina.

La inteligencia erótica es un modo de conceptualizar un aspecto a desarrollar en las personas y en la pareja. Es una teoría sobre el deseo erótico, sobre cómo se sostiene y cómo son las crisis de dicho deseo.

El deseo fuera de la pareja es lo que hay que trabajar cuando uno piensa en el tema de la infidelidad.

A través de las actitudes de una cultura frente a la infidelidad podemos ver las creencias acerca del matrimonio y las diferencias de género. Las diferencias en la concepción del deseo y del control son una ventana y un portal para entender otros temas.

La palabra infidelidad es una palabra complicada, el adulterio y la traición también. En hebreo, por ejemplo, no existe la palabra infidelidad, solo existe traición. El lenguaje nos muestra la prohibición.

¿La fidelidad es equivalente a exclusividad sexual? Hay personas que son monógamas, pero traicionan de muy diversas maneras. Se puede traicionar con indiferencia, abuso, violencia, manteniendo una superioridad moral porque no tuvieron relaciones sexuales con otro.

El amor romántico ¿se puede tener con varias personas? Podemos amar a muchos hijos o hermanos, pero ¿ocurre lo mismo con el amor romántico?  ¿Ser fiel es igual a ser leal? ¿Los celos son intrínsecos del amor o deberían poder superarse? ¿Tendría que trascenderse la posesividad? ¿Amar es ser posesivo? O es que somos parte de una estructura patriarcal posesiva que nos da la idea que tenemos que poseer. ¿Son sentimientos humanos intrínsecos o son producto de miles de años de condicionamiento?

Todas estas preguntas no tienen respuestas fijas…

La infidelidad es, históricamente el tabú más prohibido y más practicado. Desde que se inventó el matrimonio se inventó la infidelidad.

¿Cuántos de ustedes han estado impactados por el tema de la infidelidad en la vida? Puede ser por sus padres, una amiga, la propia experiencia… lo cual cubre casi el 80% de nuestros vínculos. Es un tema sistémico, no solo afecta a una persona.

Contiene tres ingredientes fundamentales:

  1. El secreto (puede ser intergeneracional) Funciona en dos direcciones: es al mismo tiempo la mentira, la decepción, la traición y al mismo tiempo es la excitación, la libertad, lo incierto. También es la autonomía, que es un punto importante en la infidelidad femenina. «Es la primera vez que hago lo que quiero».
  2. La involucración emocional, de cualquier nivel. Puede ser una historia de amor profundo o puede ser pagar por sexo para no tener emoción.  El hecho de distanciarse emocionalmente es también un trabajo que muchas veces tiene sentido.

La infidelidad emocional, «contarle  cosas íntimas a alguien que no es mi pareja» ,-incluso si fuera una amiga-, en el modelo romántico también es una infidelidad. En el modelo tradicional hablar con una mejor amiga y quejarse de todo, era una manera de ayudar a continuar con la pareja. Actualmente se considera una manera de quitar la intimidad de la pareja.

  1. Aura sexual, energía sexual. La imaginación, no el hecho. La infidelidad no está sujeta al sexo. La noción de que no tuve sexo y por eso no hay nada, es una concepción ingenua. La infidelidad es la energía sexual puesta en juego con alguien que está dispuesto a jugar ese secreto. A veces la gente dice “no pasó nada» porque no tuvieron sexo y solo fue emocional y otros dicen que “no pasó nada” porque fue solo sexo. Esto remarca que el sexo y la infidelidad no tienen una relación de correspondencia fija.

He recibido 1500 cartas de diferentes países en donde cuentan las cosas que les son muy difíciles de hablar. Estos son principalmente los hombres heridos y las mujeres infieles, ya que culturalmente es mucho más fácil ser un hombre infiel y una mujer víctima. De eso sí se puede hablar.

El tema central de la infidelidad es la transgresión. La gente puede sentirse muy satisfecha con su pareja y tener infidelidades, porque muchas veces no se relaciona con querer dejar a la pareja. “Si voy a buscar en otro lado no es tanto porque quiero dejar a la persona con la que estoy, o que algo LE falta, sino que quiero explorar”. La traición es para la otra persona, para quien es infiel puede representar el deseo de un lugar secreto.

Por un lado, la traición es un hecho que lastima, el abandono, el romper la confianza, son sentimientos dolorosos para la persona que lo padece y para la otra persona puede ser solo  una expansión, un descubrimiento, una exploración. Y esas experiencias van juntas y son incompatibles. Esto es lo que conforma el nudo central de una terapia de pareja.  Es un trabajo difícil porque implica esas dos concepciones.

Intervención terapéutica

A la consulta generalmente llegan después de haber descubierto una infidelidad y llegan preguntando y preguntándose si podrán reconstruir la pareja. La mayoría de las parejas después de la infidelidad se quedan juntos, pero al mismo tiempo es la primera causa de divorcio.

Primero es necesario saber en que estado de la infidelidad está la pareja.  ¿Hace cuánto que comenzó esta relación?, ¿hace tres meses o diez años?, ¿quiere continuar con esta relación y no puede terminar con su pareja actual? ¿Tiene miedo de cortar la relación con su amante, por miedo a que esa tercera persona diga algo?

En un proceso terapéutico es necesario trabajar tres elementos: 1) Estructura, 2) Protección para que puedan hablar, 3) Reaseguro.

El tema es evaluar en primer lugar si se puede hacer un trabajo terapéutico con la pareja. Es importante evaluar ya que muchas veces están en terapia de pareja, pero la intención de los integrantes no concuerda. A veces la persona que cometió infidelidad no está dispuesta a cortar la relación que inició. Un argumento muy frecuente es “Es la primera vez que tengo una persona que se comunica conmigo, que me desea. Tampoco quiero irme de esta otra relación, y sí, estoy en esta encrucijada”. Es también necesario evaluar si hay violencia o peligro de algún tipo.

El tema del deseo, de la atracción por otros, de la monogamia entra en general en la pareja porque hay una crisis. Generalmente las parejas no hablan del tema antes.  La concepción romántica del amor monógamo no admite cuestionamiento.  Toda la idea es que a partir que te encontré ya no tengo ninguna atracción por otra persona. Todos saben que esto no es así. Entonces no se habla hasta que “la encrucijada” irrumpe como un demonio.

La infidelidad trae el tema de la sexualidad en la pareja, de la confianza en la pareja, la atracción hacia otros y del deseo de cada uno.  Entonces, en la terapia de pareja, al mismo tiempo que hablamos de la crisis y el dolor de la traición también estamos hablando de los temas que toda pareja debería hablar antes y calló.

Las parejas homosexuales son un ejemplo de lo contrario. En el amor homosexual nada está presupuesto, por lo cual la discusión sobre el deseo viene desde el principio y se negocia.

El tema central de la infidelidad no es una cuestión sexual sino del deseo, del deseo de ser especial. El deseo de ser deseado, de que alguien me escucha, que alguien se interesa en mí, y es un deseo erotizado en el sentido de sentirse vivo. No es sexual. Porque estoy haciendo algo para mí, que puede estar en contra de mis propias reglas. Hay que trabajar el tabú. La monogamia es cultural, no natural. Se escoge y se trabaja sobre ello. Alguna de esas concepciones se cambiará socialmente.

Es importante en terapia poder preguntar si tienen un modelo exclusivo. Porque pueden no compartir ese modelo de pareja exclusivo. ¿Tienen un acuerdo sobre la monogamia?, cuál es? Es un acuerdo explícito tanto como implícito? Si es alguien desconocido no, pero si era una compañera del colegio sí?

En la infidelidad se rompen contratos implícitos. Hay dos contratos. El oficial y el implícito.

Hay personas que muchas veces hacen que se descubra la infidelidad. La pregunta cuando ocurre esto es si la persona pensó que si se descubría era un peso menos o sería más peso. ¿Quiso decirlo, pero no llego a tiempo, quiso que se descubra, pero no tanto? Usualmente las personas piensan todas estas cosas. ¿Usted quiso que lo descubriera su mujer, pero no su hijo?, o quería que lo descubra otro de sus hijos y no el que lo descubrió? ¿Usted quiso que se descubra, pero no en el trabajo?  

Trabajo con tres fases cuando se descubre una infidelidad. Usualmente las dos personas están en shock. La persona que descubrieron está ansiosa y usualmente corta la relación. Tiene miedo por los hijos, no quiere involucrar a la familia, los amigos y el trabajo. Siente temor a la pérdida de identidad. El dolor por el daño que realizó al otro es enorme y se siente muy culpable. A veces relaciones de infidelidad de años provocan una gran fragmentación y la persona no conecta con el dolor que le puede producir al otro, pero cuando se descubre, la fragmentación queda al descubierto y el dolor emerge en forma despiadada.

La otra persona se siente con una cantidad de información que no puede procesar (de ahí lo traumático de la experiencia) y se encuentra abrumada de emociones contradictorias. Odio y amor, necesidad de distancia y necesidad de cercanía y de intimidad. Quien se siente engañado queda atrapado en un ciclo de sentimientos contradictorios.

Cuando inicio una psicoterapia, comienzo por conocer a las personas; no hablo solo del tema de infidelidad. De todas formas, dicho tema es un generador de tensión que está todo el tiempo presente.

La duración de las sesiones es de dos horas.

La primera intervención tiene que apuntar a normalizar los sentimientos. Todos los sentimientos arriba descriptos son los esperables para esa experiencia. No se trata de minimizarlos. Se trata de empatizar y validarlos.

Hay personas que impulsivamente, o en forma mediata, cortan la relación y descartan incluso la posibilidad de repensar lo vivido o de preguntarse sobre la relación, pero hay otras parejas para quienes esta experiencia es una oportunidad para hablar como nunca lo habían hecho, para acercarse emocionalmente como hacía tiempo que no lo lograban, e incluso redescubrir un sexo que había desaparecido a través del tiempo.

Para la persona que se siente traicionada es importante ir definiendo qué hacer día a día. Hay que ayudarla a que no se sienta urgida a tomar decisiones inmediatas. De hecho, vale para ambos en la pareja no tomar ninguna decisión de peso, porque se corre el riesgo de mezclar el tema de la infidelidad con lo que ha sucedido en todo su matrimonio. Y lo que piensen sobre lo que pasó ahora, no es lo que pasó en la relación. La infidelidad es un evento que no necesariamente tiene que ver con la relación, y que, si se relaciona, es con algún componente, y no con toda la experiencia de matrimonio. Que las decisiones que se vayan tomando tengan la función de regular las emociones, o al menos intentarlo. Y estas no pueden ser más que decisiones pequeñas, graduales, si quedarse a dormir en el mismo espacio o no, si verse, si hablar, si tomar distancia por unos días…

No se puede hablar todo con la pareja porque cada uno está haciendo procesos paralelos. Hay que tener encuentros con cada uno, y en la medida que se considere viable y constructivo, armar un encuentro con ambos.

El espacio de la terapia debe ser un espacio seguro en donde cada una de las personas se sienta con la libertad de hablar de sus fantasías, de sus pensamientos sobre lo que quisieran hacer con la relación, e incluso quien se encuentra sosteniendo las dos relaciones, que quisiera hacer también con la relación más reciente.

Es más fácil hablar de la pérdida y el duelo de la “víctima” de la infidelidad, pero nunca se habla del duelo que tiene que hacer el otro miembro de la pareja al separarse de la tercera persona. Eso se trabaja en forma individual. Ya que en caso de que quisiera terminar esa relación, debería tener la oportunidad de despedirse bien. Cuanto mejor se termina la relación paralela mejor se puede integrar y mejorar la relación actual.  Es necesario ofrecerles un espacio protegido y sugerirles que las primeras charlas sean con el terapeuta para que no expresen información que puede ser perjudicial para ambos.

Hay preguntas de investigación y preguntas de detective. ¿Dónde fue?, ¿cuántos orgasmos tuviste? ¿Te tomo por atrás? Todos los detalles sórdidos que después tienen consecuencias negativas.

Las preguntas de investigación ayudan a saber el motivo y el sentido de la experiencia. ¿Qué pasó? ¿Te falto algo? ¿Hay cosas que descubriste que no podías hacer con nosotros? ¿Quisiste que yo sepa o pensabas terminar antes? ¿Querías que me vaya o querías simplemente vivirlo? No siempre se sabrá qué hacer con la información que el otro brinde. Pero es una forma de darle sentido, de entender. Muchas veces ayuda a aceptar lo que a la otra persona le pasó.

Hay que ayudarlos a comprender que el preguntar tiene que servir para integrar y entender, no para molestar, pero quien tuvo la relación paralela tendrá que tener paciencia, y saber que tal vez tenga que responder muchas veces la misma pregunta, ya que aún sin querer molestar, la obsesión es normal y a veces le gana a la voluntad cuando estamos heridos. La persona engañada necesita preguntar y preguntar hasta integrar la experiencia.

De todas formas, es importante que, cuando “el engañado” hace una pregunta, el terapeuta explore: «usted quiere que su pareja le la respuesta, o quiere que sepa que tiene esta pregunta?”. Es muy importante adelantarse a esto. Porque la persona tiene que saber que si tiene la respuesta va a vivir con la información y la consecuencia de esa información. Perfectamente puede pasar que la persona quiera que el otro solo sepa que esas son las preguntas que se hace “Yo no quiero que me cuentes, son tus actos, quedate vos con ellos”. Muchas veces la persona elige esta posición ya que la ubica en otro lugar de poder lo cual ayuda a bajar la angustia.  

Todo dolor tiene un sentido, por eso es muy diferente si desde que se casó la persona piensa que se equivocó y siempre estuvo mal, o esta historia tiene más que ver con que alguna vez la persona quiso hacer algo malo. No tiene nada que ver con la pareja. Un día hacen algo que nunca habían hecho.

¿Existen personas que realmente no saben que su pareja está involucrada en otras relaciones? Sí, si uno no quiere demasiada cercanía y la pareja está con otra persona y esto hace que esté distanciado de una manera que le resulta bien, a veces lo que cuenta es solo que la relación entre ellos vaya bien, que no se produzcan fisuras. La persona que miente 15 años se fragmenta, no puede hablar con una narrativa coherente y poco a poco va perdiendo la capacidad de hablar, de intercambiar historias, de contestar. Se abre una distancia gélida. No es la distancia de que cada uno tiene su vida.  Empiezan a faltar historias del día a día. Las inventadas, y las otras también. En muchos casos llega un momento en que no pueden mirarse a la cara porque saben que después de «nada para contar» , viene la mirada que puede mostrar y descubrir  todo.

Todas estas ideas permiten reflexionar acerca de cómo pensar la infidelidad y cómo intervenir. ¡Gracias Ester Perel!

Queremos conocer tu opinión, escribinos a fundacion@aigle.org.ar

 

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