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SEMBRANDO PRESENCIA: Mindfulness en la infancia

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Por Sofia Peluffo y Roxana Rostan

Asociamos fácilmente el concepto de preocupaciones al mundo de los adultos creyendo que el infantil queda exento a este tipo de inquietudes. Los niños también atraviesan diferentes experiencias que los sumergen en una montaña rusa de sensaciones y emociones, pero a diferencia de los adultos, ellos no se conocen a si mismos de la misma manera que lo hace un adulto ni tienen herramientas que los ayude a transitarla. Tal es así que sus preocupaciones adoptan diferentes formas para expresarse. Formas que suelen dispararse de forma automática y desmedida, en algunas ocasiones o, en otras, pueden representarse en silencio y pasividad. Para los chicos, los desafíos tienen máscaras variadas y reaccionan de diversas maneras. Hablamos de estresores tan sencillos como, por ejemplo, conocer un amigo nuevo, ir a un lugar poco familiar, incorporar alimentos nuevos, un límite desconocido, la visita a un médico o bien un examen. Es infinito el repertorio de preocupaciones que pueden tener los niños desde que son muy pequeños hasta pasada la adolescencia. Hablamos de estrés, problemas de autoestima, de conducta, dificultades en la regulación emocional, desafíos atencionales y de concentración, conflictos interpersonales, ansiedad, dificultades académicas y de aprendizaje, entre otros.

¿Qué es el mindfulness?

Mindfulness significa conciencia plena. Es la capacidad de cada persona, ya sea adulto o niño, de prestar atención de una manera especial: estar deliberadamente presente con amabilidad y conciencia, en cada momento, sin juicio, conociendo nuestra tendencia a reaccionar automáticamente. Es una capacidad natural de cada persona, pero que debemos entrenarla para poder seguir desarrollándola. Es fundamental que esta práctica tome lugar desde pequeños y en la vida cotidiana. Que el desarrollo de la atención intencional ayude a que los niños puedan encontrar un amigo en la respiración consciente y que aprendan a pausar para poder conectarse y sintonizar con su mundo interior y con lo que está sucediendo en el momento presente. Así podrán responder de manera más asertiva en sus vidas, pudiendo migrar de la reactividad hacia la responsividad consciente. No es mágico, ni será la solución a todos los problemas, pero si los proveerá de una manera distinta de cómo vincularse con aquello que sucede. En la medida que ellos comiencen a darse cuenta de lo que les pasa y puedan llevar su atención al presente con más facilidad, se sentirán más seguros y a gusto con lo que sucede.

Las investigaciones en el transcurso de los últimos años han demostrado que las prácticas de minfulness trae numerosos beneficios:

  • Mejora la atención y la capacidad de concentración
  • Disminuye los pensamientos negativos y las preocupaciones
  • Favorece la relajación, el descanso y dormir bien
  • Facilita la gestión y comunicación de emociones
  • Aumenta la confianza en uno y el respeto hacia los demás
  • Se reduce el nivel de ansiedad y estrés ante exámenes y tareas escolares
  • Mejora el autodominio y la capacidad para controlar el comportamiento.

Ahora, todo esto suena bárbaro imagino, pero ¿cómo se hace?

Hay diferentes maneras de promover el mindfulness en los diferentes ámbitos de la vida, pero lo más importante es que los niños puedan reconocerlo a su alrededor. Siendo que los niños de hoy son una generación bisagra, como adultos, tendremos que promoverlo en todos los ámbitos empezando por nosotros, padres y educadores.

Por esto mismo, debemos comenzar por tomar conciencia que el cultivo de nuestra atención es fundamental en la educación de nuestros hijos. Cuando vivimos atentos y en el momento presente no solo somos más conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos (conectarse), sino que también permanecemos abiertos a los de nuestros hijos (sintonización). Ellos no necesitan que seamos plenamente accesibles las veinticuatro horas del día pero requieren de nuestra plena presencia en las interacciones más importantes. Solamente si somos capaces de crear un contexto de conexión emocional con ellos podemos ayudarles a que cultiven un conocimiento más profundo de si mismo y una mayor capacidad de relación.

Las prácticas de minfulness con niños no implican estar 20 minutos por día meditando sentados en la quietud. Desde ya que si hay niños que disfrutan de la práctica formal sentada será aún más beneficioso. El mindfulness en los niños se cultiva de diversas maneras según la preferencia de cada niño pero con la intención de dirigir la atención a lo que se está haciendo, monitoriando y conectándose con las sensaciones y lo que sucede en el presente. La respiración es el ancla principal para comenzar las prácticas de mindfulness y es mucha utilidad para las actividades con niños. Algunos ejemplos de prácticas de minfulness con niños podrían ser:

  • Se pueden practicar escaneos corporales, haciendo un barrido por todo el cuerpo e identificando sensaciones físicas.
  • Se puede confeccionar un “Frasco de la Calma” (en internet abundan las instrucciones) para acudir al mismo en momentos de mucha emocionalidad.
  • Con niños muy inquietos, encontrar un momento para tirarse al piso con ellos y jugar con los peluches poniendo mucha atención en ello hasta que suene una campanita a modo de alarma (dos minutos por ejemplo) y luego realizar 3 respiraciones profundas.
  • Se puede practicar minfulness a la hora de comer, prestando especial atención a los colores, los olores, los sonidos, el gusto, los movimientos musculares que están implicados en dicha actividad.
  • Con los más chiquitos se puede jugar a acunar a un peluche para que se duerma, fomentando la quietud y el silencio.
  • Las caminatas conscientes también son de agrado. Durante un paseo, se puede volcar la atención a intentar encontrar la mayor cantidad de pajaritos, por ejemplo, o autos azules.
  • Existen unas Cartas llamadas “GROWING MINDFUL” de Chris Willard y Mitch Abblet que funcionan como disparadoras para tener un momento contemplativo y cada una de ellas tiene una actividad, por ejemplo “Inhala contando hasta 7 y exhala contando hasta 11 usando los dedos. Repítelo”.
  • Cuando los niños están agitados y no perciben su exitación, siempre es útil invitarlos a conectarse con la respiración, percibir la intensidad de la misma. Tocarse la frente e identificar si están transpirados o no, si sus cachetes se ven rojos o bien si sus manos se encuentran en forma de puño o están relajadas.
  • Ante emociones muy intensas, podemos acompañar a los niños a identificarlas en el cuerpo y ver cuánto duran, si el malestar es igual o va cambiando con el correr de los minutos, fomentando la aceptación y la paciencia.

Toda actividad que realicen con los niños que los ayude a enfocar la atención en algo específico tiene carácter mindful. Cuanto más se conecten con la respiración y sensaciones corporales mejor será. Y no siempre es necesario que esto sea en un contexto de juego específico, es cuestión de anclar la atención en el cuerpo y en el presente en diferentes momentos, así sea por uno o dos minutos, aumentando en función de la edad.

No obstante, no debemos pasar por alto la importancia de poder encontrar un momento de juego padres e hijos, o educadores y niños. Estos son contextos ideales para conectarse y sintonizar. Que nuestros niños sepan que estamos ahí para ellos, aceptándolos de una manera respetuosa con lo que sea que ellos traigan, es muy importante. La aceptación de lo que se presenta es eje en el minfulness y validarlos en la experiencia que viven fomentará la aceptación propia. Y si no nos gusta tirarnos al piso a jugar con nuestros hijos, puede que se deba a que nuestro temperamento no nos incline a hacer eso. Si aceptamos nuestras propias características, veremos lo mucho que podemos hacer por ellos basándonos en otros talentos.

Los hijos no necesitan padres perfectos, sino que seamos personas felices, por eso es fundamental y necesario ademas el cultivo de la autocompasión. No podemos educar hijos perfectos que no sufran sino hacer que nuestros hijos sean la mejor versión de ellos mismos. Y debemos saber también que para ayudar a los hijos a ser seguros es necesario enseñarles a aceptar las fallas, los errores… la realidad.

Tener un dialogo con los niños acerca de sus pensamientos, recuerdos y sentimientos también se convierte en un momento minful. Les permite tener experiencias interpersonales de autocomprension y lograr competencias sociales relacionadas.

El ámbito escolar también resulta un desafío el desarrollo de los chicos. Innumerable cantidad de veces se les pide a los alumnos que presten atención, pero es raro que se les enseñe cómo ni se practique esto específicamente. Les decimos a nuestros hijos que sean amables con los demás pero no les enseñamos qué hacer para cultivar la empatía, el perdón, ni como regular sus emociones. Estos son aspectos que se trabajan en minfulness primero desde el accionar y luego desde lo teórico. El desarrollo de la compasión comienza por uno mismo.

Hoy cada día más profesionales buscan en el Mindfulness un antídoto contra la desregulación creciente de los niños y jóvenes. Éste es un claro indicador de estrés. Los alumnos piden hoy calma a gritos, necesitan un entorno donde el sistema nervioso se pueda relajar y sentirse nutrido. Estas actividades que se mencionaron previamente también pueden ser de utilidad en las aulas, aunque es importante poder formar a las maestras en la creación de ámbitos favorables para poder llevar a cabo un aula minful.

Existen en todo el mundo numerosas propuestas de iniciación a la práctica asi como talleres de adultos, talleres para niños privados, talleres para las escuelas y otros orientados a la parentalidad consciente.

Uno de los programas más conocidos a nivel mundial que enseña el mindfulness para niños es el de Eline Snel. Eline, autora del libro “Tranquilos y Atentos como una Rana” y “Respirad” que ofrece a los padres y a los niños un primer contacto con esta nueva propuesta. A su vez diseñó un programa para escuelas y prácticas privadas basado en el programa de reducción del estrés de Jon Kabat Zinn adaptado para niños y adolescentes.  Su programa “La atención Funciona!” consiste en 8 a 10 encuentros con niños y adolescentes donde acerca los preceptos básicos del Minfulness y ofrece un espacio de práctica y ejercitación. Dicho programa se adapta a las edades ofreciendo juegos, meditaciones, cuentos y dinámicas que auspician de puente a esta nueva propuesta de ser y estar en este camino.

Como toda práctica, el minfulness, es experiencial y demanda disciplina e intencionalidad. Es un camino de persistencia, de hábitos y desafiante, pero sumamente agradable y armonioso. Los niños de hoy que puedan vivir su vida más conscientemente, serán aquellos que guíen las generaciones próximas y promuevan con el ejemplo. Queda abierta la invitación…

 

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